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Footwar

2013

Instalación

Dimensiones variables

Sobre el  Fútbol

Texto: Eduardo Riol 

 

Cualquier deporte de equipo con pelota hubiera debido triunfar sobre el fútbol. Las manos, símbolo de la habilidad simia ofrecen muchas más posibilidades motrices y creativas. Pero son demasiado evidentes, demasiado previsibles, en ellas la destreza se da por supuesto. En cambio, el toque de pelota con la extremidad inferior fascina. El pie, traicionero en su débil versatilidad, contiene un elemento que le otorga una rotunda superioridad sobre las manos: su sorprendente habilidad para humillar al contrario. Un pie no sirve para hacer peinetas, pero hace cañetes y zancadillas. Conmueve multitudes. El pie chuta, sortea, dispara y golea. Sencilla, directamente. Sirve para eso y para caminar.

Las ciudades se paralizan en los grandes partidos. La pantalla verde y brillante hipnotiza multitudes, recupera el sentido gregario de los humanos y nos hace olvidar o sublimar el dolor, desata emociones, hunde en las tinieblas y alza al firmamento. Tanto por tan poco.

Es un negocio redondo que mueve cantidades de dinero increíbles. La élite del fútbol no tiene nada que envidiar a las marcas de lujo (de hecho, esto es lo que son los grandes equipos). Pero poco importa. Esto no es la ropa fabricada en Bangladesh ni el maíz transgénico, ni el cambio climático, esto es EL espectáculo global.

El fútbol se confunde con las esencias culturales y patrias. Lo local versus lo bárbaro. Nuestra victoria y su derrota. Nuestra derrota y su doble derrota.

La socialización primaria lo incluye como la lectura y la escritura. Uno se alfabetiza y se convierte en la afición, se hace de un equipo como los atenienses se hacían ciudadanos.

Desde la perspectiva de género sigue siendo tan masculino como el voto censitario del siglo XIX. Esto no quiere decir que esté vetado a la mujer, ni mucho menos pero, convengamos que no hay una equidad de trato, el sentimiento es paralelo.

De hecho pocos géneros publicitarios son tan exclusivos del hombre como aquellos que subvencionan, financian o celebran el deporte rey. Diríase que todavía representa su esencia. Las mujeres también juegan a fútbol, pero a pocos medios les importa.

La sección de deportes ocupa en los telediarios un espacio preeminente, Algunos informativos no empiezan realmente hasta que se habla de fútbol. Lo demás son preliminares, como los spots de películas en el cine. Los periodistas deportivos son los profetas de la satisfacción. Sonríen indefectiblemente, con un rictus de condescendencia y complicidad. Nosotros hablamos de lo que importa.

Las palabras de los fútbolistas y los entrenadores se equiparan en importancia a las de los políticos, los científicos, los jueces, los intelectuales y los líderes sindicales. Sus declaraciones, sus opiniones, sus sentimientos, sus intuiciones merecen un timing dilatado y un lenguaje iconoclasta.

En cierta manera, son el equivalente masculino de los programas del corazón. Y desde que llegó la metrosexualidad más. fútbol hoy es también estética, estilo, un way of life.

La radio también tiene su particular imaginería. El gol es celebrado con gritos guturales, sostenidos y agudos, que enervan los sentidos. Los cortes publicitarios nos retrotraen a otros tiempos ¿Cómo resistirse?

Aunque el estado del bienestar se hunda, él resistirá, porque el fútbol es de interés general. Congrega y apacigua millones de personas delante de la pantalla verde. Permite dádivas de la administración difícilmente imaginables en otros casos. la hace deliciosamente indulgente: permite aparcar en lugares prohibidos, alarga los horarios de transporte, mueve sin contemplaciones la programación televisiva, se salta las normativas de ruido nocturno en las celebraciones…

Tanto por tan poco.

Ya no hacen falta dioses, porque los dioses están en la Tierra. Pero no se engañen. Los que juegan a fútbol solo son los héroes, humanos, después de todo. Los dioses se están llenando los bolsillos vendiendo el opio a su pueblo.